Me he vuelto un cobarde científico paranormal que escribe monstruos escondidos no sin temer el apocalíptico día en que se vuelquen contra mí. Escribo sin mostrar porque detrás de la simpleza está lo que quiero ignorar esperando que el viento haga su trabajo y lo desaparezca.
Y en medio del ahogo debo escoger 3 libros que recomendaría leer a alguien que se inicia en la tormenta de ser escritor... yo qué sé de eso si sólo soy tormenta y no escritor. Como sea. Por alguna razón que se me escapa (será morbo o detalle de profunda ingenuidad, no sé) el tal
Canalla decidió heredarme un meme en el cual debo tocar a un pobre incauto con mi insidiosa vara de lector recalcitrante y maldecir su futuro con títulos que pretenden ser influencia.
Libro 1 – Recuerdos del Porvenir, Elena Garro
Con esta hacha te partes la cabeza de un golpe y espero entiendas que el recurso de un escritor logrado (se me ocurre) es reinterpretar la creación. Puedes dignificar al pobre humano dándole la circunstancia de la magia y la tragedia y mostrarle que su inmortalidad empieza aquí, hoy. Esta señora dice que es posible congelar la noche y el día en el mismo firmamento y dividirlos en una línea que te permita escapar a caballo aunque el destino para ti previsto haya sido una basura.
Libro 2 – Romeo and Juliet, William Shakespeare
De las cosas que impresionan a un pragmático (me presento, hola, soy pragmático) es que alguien haciendo uso de su absurdo te saque del dogma y obligue a tragarte la obviedad hasta hacerte casi feliz, en el peor de los casos, feliz. Sin importarme lo que digan ciertos biógrafos, este señor no pudo haberse inspirado en un ser real para escribir esto pues sólo la emoción del ideal provoca algo que se parece tantísimo a la perfección, lograr que lo absurdo arranque el disimulado sentimiento del pobre idiota que lo lee es en verdad extraordinario pero independientemente de eso, las formas, la filigrana de este texto, son irrepetibles.
Libro 3 – Libro de Arena, Jorge Luis Borges
Me da miedo hablar de este libro. Era yo muy joven cuando lo leí y constaté que ciertos cerebros no funcionan como los demás, descifrarlos puede ser un privilegio tortuoso. Leí El otro y tuve que hacer una pausa de varios días antes de continuar, la segunda interrupción sucedió después de El espejo y la máscara, lo terminé y juré no volver a tocarlo jamás. Mentí. He regresado varias veces por ambición, como quien retoma el rubik ya resuelto para volver a empezar aún con el miedo de no entenderle esta vez.
Bonus – Confederacy of Dunces, John Kennedy Toole
Ignatius J. Reilly es uno de mis héroes personales, lo odio, lo envidio profundamente, me da algo de asco y me provoca una fuerte risa agradecida. Este tipo de humor me es extásico, no tiene que ser rebuscado, basta que esté bien armado y corte en el momento exacto. El libro es la esperanza de los flojos cínicos, no recuerdo otro ejemplo en el que el éxito del personaje principal me haya gustado tanto (posiblemente Lunes de Fiel, Pascal Bruckner), esto es lo que imagino como un final satisfactorio, un poco sucio, demasiado normal, con la esperanza de cualquier día.
Lo sé, como todo en mí, nulo respeto por la ética y mucha pasión propia que muestro mesurada aunque adentro provoca incendios. Me preguntaron, qué puedo hacer... callarme; era buena opción pero no quise.
" Good night, Parting is such sweet sorrow, that I shall say good night till it be morrow. ".
Ahora ve a preguntarle a alguien que sí sepa.